
Algún día podré hablarte del laurel, no hoy, ni mañana. Algún día encontraré las palabras para descifrar ese aroma que me envuelve cada vez que quiero no olvidarme como empezó todo, al menos todo lo que soy.
Algún día, podré tener noción real del díámetro inabarcable de su tronco curiosamente gris, no tan áspero cuando intentaba treparlo, ni tan marrón como en los arquetipos de árbol dibujados por mi hasta entonces.
Como no era del todo amigable, hacíamos piecito en la pared que primero fue alambrado doblado y fayuto. Después le pusimos el baticaño para descender más rápido y hasta tuvo un intento de casita de lona y madera.
Ningún día vas a tomarme la mano, ni me vas pedir que te hable del laurel. Ningún día vas a estar a sus pies o a los míos, con los ojos indagando la historia.
Pero si lo pienso un poco, me digo que algún día podré contarte, aunque mientras lo escribo se me caen las últimas hojas.