domingo, 26 de abril de 2009

Cambio de zapatos


Decidí cambiar de zapatos para seguir el rastro de las serpentinas.
Algunos domingos de abril suelen devenir carnavales o entierros sin cruces.
Algunos rituales solo saben equivocar la maldita semana.
Agosto también es fatal en ciertas ocasiones, al menos inoportuno.
Rastros de serpentinas y almanaques.
Algunos domingos de abril pueden ser puentes y sombras.
Ante la duda cambié mis zapatos y volví a jugar.

Busqué sus ojos olvidando que era domingo y ahora estoy descalza.

N

domingo, 12 de abril de 2009

Negros hermosos

Puede suceder un sábado en vísperas, o un domingo por la tarde.

En algunas paredes puede verse el rastro de un camino de endorfinas, un brote vegetal, la ventana donde se asomó una chica perdida adentro de un miriñaque, los cientos de verdes que se alistan en cada hoja, la mueca de materia que burla el mandato de ser blancos y lisos, la luz que se acoda entre la sombra, la sombra que se arroja desde el árbol y unas ramas delgadas como uñas arañando el poco cielo que cabe.

Mientras, del otro lado un manojo de negros de miércoles riega con sueños y endorfinas cuanta alma se cruza, hacen brotar la tierra y las manos en cada toque, abren ventanas, enamoran señoritas que se pierden entre cajones y marionetas que burlan el mandato de ser blancos y lisos y como una buena sombra en el desierto arañan la tristeza con sus uñas que esconden el misterio de la creación.

No se los pierdan.

N

Era 10 de abril de 2009.

lunes, 6 de abril de 2009

Río



Me pierdo siguiendo el curso de los reflejos sobre el agua.

Caminos inasibles y sin embargo…

Humo y agua



Cuando los elementos se confunden, cuando el reflejo apenas trae el recuerdo del recuerdo y el despegue se asemeja más a un tirón de cera caliente que a un vuelo, la garganta se anuda por dentro y por fuera. Las sombras se estiran, las luces engañan… buscale imagen, buscale sonido, buscale una vuelta del revés más oculto… algo harás en el futuro con eso.
Yo tuve un sueño.
Solo estoy despertando desde entonces.

sábado, 4 de abril de 2009


Solo agotadas todas las opciones, Atenea entraba en combate y ahí sí… era implacable.

Dicen que Perseo le regaló la cabeza de Medusa y ella la colgó de su escudo… no se puede negar que era muy eficiente.

Curiosamente la sangre de medusa devolvía la vida mientras sus ojos la secaban.

Imagino que pudo pasar en algún combate que quedase algún petrificado por ahí y entonces una gota rezagada en algún pliegue, entre las serpientes de la cabeza, entre una voluta de humo de un combate que no se podía seguir postergando, alguna gota resistente haya salpicado al mismo que acababa de petrificar.

Me imagino salir de la piel para ser piedra.

Me imagino ser piedra y sentir la gota que devuelve la piel.

Y que se levanta el caído preguntándose que pasó.

Tal vez siga peleando, tal vez huya y sirva para otro combate, tal vez nunca más vuelva a tocar una espada y se consagre a algún templo cerca de su casa…

No me importa lo que haga el tipo.

Yo busco esa gota.

N