Solo agotadas todas las opciones, Atenea entraba en combate y ahí sí… era implacable.
Dicen que Perseo le regaló la cabeza de Medusa y ella la colgó de su escudo… no se puede negar que era muy eficiente.
Curiosamente la sangre de medusa devolvía la vida mientras sus ojos la secaban.
Imagino que pudo pasar en algún combate que quedase algún petrificado por ahí y entonces una gota rezagada en algún pliegue, entre las serpientes de la cabeza, entre una voluta de humo de un combate que no se podía seguir postergando, alguna gota resistente haya salpicado al mismo que acababa de petrificar.
Me imagino salir de la piel para ser piedra.
Me imagino ser piedra y sentir la gota que devuelve la piel.
Y que se levanta el caído preguntándose que pasó.
Tal vez siga peleando, tal vez huya y sirva para otro combate, tal vez nunca más vuelva a tocar una espada y se consagre a algún templo cerca de su casa…
No me importa lo que haga el tipo.
Yo busco esa gota.
N
2 comentarios:
Que lindo, hace rato que no veia tu blog, siempre que leo algo tuyo me emociono. La pregunta es si sos muy buena o yo muy maraca.
Tu hermano el mas lindo.
J (por si dudas)
Las dos cosas, siempre son las dos cosas.
Besos
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