martes, 11 de agosto de 2009


Una mujer se acurruca en el pecho de un hombre.
Él acaricia su pelo mientras ve crecer las rejas que torpemente se empecinan en cercarlos.
Los escucho gritar.
Siento su dolor.
El Colón se estremece de indignación y tristeza.
No habrá rejas suficientes para cercar a sus hijos si escuchamos y salimos a caminar con ellos.
No te quedes sin escuchar.

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