Algunos contenedores cambian de esencia y se transforman en disparadores, generadores de eventos.
Así pasó con mi cuaderno blanco. Un buen amigo me lo regaló; durante meses lo contemplé conteniendo la respiración, sin saber como abordarlo, con miedo a estropearlo de tan lindo que me parecía. Así hasta que un día por la tarde tomé las únicas armas que tenía a mano, un poco de tinta y unos mates con yuyos y así comenzó a suceder, las hojas del cuaderno cambiaron su escencia y empezaron a mostrarme algunas de las cosas que podía hacer yo ahí. Con alguna gente es igual, dejan de ser personas y se transforman en lugares que quiero recorrer, elijo los colores con la misma conciencia que un filósofo las palabras o mejor aún, con la misma actitud que un chico busca en el baúl de los juguetes.
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