domingo, 10 de agosto de 2008

También se muere el mar (y algunos sueños)

No quiero que le tapen la cara con pañuelos

Para que se acostumbre con la muerte que lleva.

Vete, Ignacio. No sientas el caliente bramido.

Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar! (texto impreso)

Si me pierdo que me busquen en los dibujos de Federico y la voz de quien lea mis poesías (si alguna quedase)

No quiero que le tapen la cara con pañuelos, para que se acostumbre con la muerte que lleva.
Vete, Federico. No sientas el caliente bramido.

Duerme, vuela, reposa: ¡También se muere el mar!

Era el séptimo día de noviembre y era despedidas.

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Federico más que un poeta se ha transformado para mi en un lugar. Es como todo lo que esperaba de un super héroe. Con el tiempo los super héroes ceden su espacio a los hombres y, claro, se complica. Algunos sueños pueden morir, aunque hoy eso parece una condena en la que no creo, pero los buenos hombres no se pierden en algo tan previsible como la muerte.

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