"...No te pierdas ese cielo por la absurda persecuta de los cocos que puedan llegar a caer", le dijo ella.
Pero el tipo no escuchó.
No pudo.
O no supo.
O tal vez no estaba ahí, donde ella creía que estaba. Y sin embargo, parecía tan real.
Como si fuera posible solo levantar los ojos para descubrir vuelos y palmeras o encontrar el abrazo por solo necesitarlo.
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